Sentado en una silla en el pasillo que da a la calle, voltea a un lado, voltea al otro, sube su mano a su cabeza y la toca; agacha la mirada y ve fijamente al suelo; así pasan unos 15 minutos cuando exclama : ¡No , no recuerdo eso!
Recuerdo muy bien a Toño, cuando era un hombre joven, sano y fuerte, sin preocupación alguna más que tener lo necesario para vivir él y su mujer.
Tendría unos 20 años, no recuerdo bien. Era alto, delgado, bien parecido; con una cabellera negra, lacia y muy bien peinada. Tenía unos ojos que demostraban esa alegría y juventud como la de cualquier joven de su edad; sus cejas negras y peinadas; un bigote delgado, pero bien formado, que atraía la atención de cualquier chica que lo viera. En fin, era un hombre bastante interesante.
A pesar de ese atractivo físico que poseía, Toño dejó pasar varias oportunidades que se le presentaron a lo largo de su vida, y que tal vez, solo tal vez, hubiera tenido un final diferente.
Desde que se casó con su esposa Lupita, tomaron la decisión de irse lejos del lugar en que habían nacido, a un lugar que ni siquiera ellos conocían porque no tenían familiares o amigos que viviesen por allá. Su única meta era comenzar una nueva vida juntos.
Rentaron una pequeña casa con lo indispensable para vivir, aunque poco espaciosa, pero muy cómoda para ellos dos. A la semana de haber llegado, Toño ya había encontrado un empleo de carpintero, nada sorprendente, pero él estaba satisfecho con ello. Le quedaba muy cerca de su casa, pues se encontraba a solo dos cuadras de la misma.
Ignoraba el oficio, por lo que de entrada le ofrecieron un sueldo bajo, eso no le resultó un problema pues le alcanzaba muy bien para cubrir gastos de los dos; y no contaba con estudios, como para conseguir un empleo mejor.
Pasó un año, cinco, diez y todo seguía de la misma manera, solo era un empleado más en la carpintería. Su sueldo había aumentado de manera mínima, pues ya sabía hacer más cosas del oficio, pero seguía siendo el mismo empleado de siempre.
Para él no tenía importancia aprender más de lo que le enseñaban, únicamente hacía lo que le pedían. Seguía rentando la misma casa, teniendo las mismas cosas, en fin, no había prosperado de ninguna manera.
Ellos nunca tuvieron hijos, Lupita tenía un problema en la matriz que le impedía concebir; pero eso tampoco les importó, pues seguían siendo felices a pesar de ello.
Pasaron los años, Toño y Lupita tenían la misma vida rutinaria de siempre. Llegaron a la edad adulta y no habían hecho mucho en su vida.
Un día, tan normal como todos, Lupita de sintió mal repentinamente, fueron al médico en donde al poco tiempo de haber llegado, falleció, ya que padecía una enfermedad que había evolucionado en su cuerpo y nunca se dio cuenta porque nunca había sentido algún mal estar.
A partir de ese acontecimiento, Toño quedó solo. No tenía ningún conocido cerca, desde que se salió con Lupita, nunca más volvieron a regresar. Entró en una depresión que lo apartó a no ir a trabajar durante un tiempo. El y Lupita eran el uno para el otro, dependían mutuamente y ahora sin ella su vida dio un cambio bastante grande.
Llegando a una edad adulta, ya siendo un anciano, Toño no había hecho nada en su vida, seguía rentado su casa, seguía siendo un carpintero, ¿qué le podía esperar después?
Llegó a una edad en la que ya no fue apto para trabajar en la carpintería, motivo por el cual lo despidieron. Tan pronto como ello, fue desalojado de la casa que rentaba lo que le obligó a vender sus pocas pertenecías que había conseguido a lo largo de su vida, y que solamente le alcanzaron para un tiempo, pues poco a poco se las fue acabando.
Llegó el momento en que ya no tenía nada: qué comer, dónde dormir, cómo pasar un día más con vida. Era un viejo, nadie quería darle trabajo, aparte de que lo único que sabía hacer era el oficio de la carpintería.
Un día de tantos mendigando por la calle, encontró una casa abandonada en donde decidió vivir, los parques y puentes no son nada seguros, aparte del frio que se sienten las noches estando al aire libre.
Toño se hacía más viejo, las fuerzas físicas no le alcanzaban y las intelectuales menos. Se cansaba tan rápido como para caminar hacia la puerta de la casa, le costaba trabajo pararse cada vez que despertaba por las mañanas, cuando estaba hincado rezando a un crucifijo roto que era el único recuerdo que tenía de Lupita y que cuidaba como algo muy preciado o cuando tenía que pararse de una silla tan vieja y desgastada como él mismo.
Un buen día en el que unos niños pasaban por fuera de la casa y voltean a ver que Toño estaba sentado en esa silla tan vieja como él en el pasillo que da a la puerta. Inquietos, se acercan y se animan a pregúntale: “Señor, ¿por qué está aquí tan solo?”
Toño voltea a verlos, tarda un momento cuando dice: “no sé”
Otro de los niños se le queda viendo, sorprendido por las condiciones en que se encuentra y le dice: “¿y por qué vive aquí como los señores de la calle? “
Toño voltea a un lado, voltea al otro, sube su mano a su cabeza y la toca; agacha la mirada y ve fijamente al suelo; así pasan unos 15 minutos cuando exclama:” ¡No, no recuerdo eso!”
Se había convertido en un viejo sin memoria que no recordaba por qué había llegado hasta esa situación. Toda su vida la había vivido superficialmente, había desaprovechado su juventud y las nuevas oportunidades que se le presentaron cuando era tan joven, tan fuerte y con todas las disposiciones por aprender y explotar sus capacidades. Nunca vio por su futuro, siempre se preocupó por vivir cómodamente el presente.
Este ejemplo de la historia está relacionado perfectamente con la vida actual de muchos jóvenes, sin preocupaciones de ningún tipo, más que la de vivir una vida alegre. Hay que hacer algo de provecho, tarde o temprano llegaremos a esa edad y cuando queramos hacer las cosas, ya va a ser demasiado tarde.
“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.”
Víctor Hugo
Italia Gutierrez, 4
ResponderEliminarGustavo Téllez Trejo, 4
ResponderEliminarHeira Flores, 4
ResponderEliminarLiliana Tapia Martínez, 5
ResponderEliminarCecilia Conde Rendón 4
ResponderEliminar4
ResponderEliminar4 buena exploración del lugar común
ResponderEliminarSusana Galván, 4
ResponderEliminarMartha Zamora, 4
ResponderEliminarMartinsky... 4
ResponderEliminaresta triste!! :( 4
ResponderEliminarEstefanía Elizondo, 4 :)
ResponderEliminarEdith Martinez Rodriguez-4
ResponderEliminarFernanda Rodríguez: 4 ;)
ResponderEliminarMiriam Martínez, 4
ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 3
ResponderEliminarPobreza de lenguaje, problemas con el tiempo en la conjugación de los verbos. 2
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