El pobre viejo perdió la memoria, la perdió de golpe, así nada más, o por lo menos eso es lo que se dice. Así como quien olvida donde dejo las llaves y no consigue recordarlo, solo que él ya no recordó nada. Un día se quedo en blanco. Imagínate, un viejo solitario que de pronto perdió la cabeza. Y por eso de que estaba solo no hubo a quien olvidar, ni quien deseara que le recordara.
Con la confusión del olvido se asusto y se pasó los primeros días escondido en el sótano. No sé qué pensaba o porque terminó ahí pero por alguna razón aquel cuarto le llamo.
El problema fue que escondido en aquel lugar comenzó a imaginar toda clase de extrañezas. Alucinaciones de cosas que no conocía, algunas que tal vez nadie conocía. Y es que si no recuerdas el mundo como vas a soñar con él.
Figúrate lo que fue para el anciano conocerlo todo por primera vez. Se tuvo que acostumbrar otra vez a estar solo, peor bueno en lo que a él concernía no había otra forma de estar. Se fue acostumbrando a él mismo.
Yo creo que al poco tiempo se aburrió de nada más ver lo que pasaba por su desordenada cabeza y al rato le entro la curiosidad de salir de allá.
Parecía chiquillo, a veces asustado y otras, conmovido hasta las lágrimas, ya fueran de risa o de emoción, por cualquier cosa. El día transcurriendo, la lluvia escurriendo en las mil ventanas, la luna, las estrellas, el viento.
En la casa atiborrada de cosas, como suelen ser las casas de los viejos que van guardando todo durante su vida hasta que un día ya no caben más, encontró toda clase de de objetos que aún si no hubiera perdido la memoria jamás hubiera podido recordar.
No entendía para qué era tanta cosa, aparatos que no sabía que hacían, cosas que se rompían al tocar el suelo, cosas que no, imágenes de lugares extraños, muebles y más muebles.
Por días y días se quedo sentado en una y otra habitación oliendo, mordiendo, mirando, probando y rompiendo toda tontería que se cruzo en su paso. Los libros le provocaron gran curiosidad, arrancaba hoja tras hoja de uno y otro. Miraba las portadas, las letras, todos eran lo mismo, aunque no sabían igual. Acabó con la biblioteca.
En la cocina lo mismo, las vajillas llenas de flores e imágenes de burgueses franceses en un picnic, terminaron en trozos alrededor de la mesa. En fin lo que quedo de aquello que colecciono toda la vida era basura.
Nadie se dio cuenta de lo que le pasó al hombre por mucho tiempo, la casa solo quedó abandonada. Ni siquiera entraron a buscarle o a mirar la casa.
¿Alguna vez has visto una casa abandonada? Claro que sí, todos hemos pasado cerca de una. Se sabe que esta abandonada aun si se le ve de lejos. Parece como si estuviera muerta, ya sé, no es como si las casas poseyeran vida, pero cuando las habitan parece como si así fuera. De alguna manera las historias se quedan aprisionadas en esas paredes ahora olvidadas.
Cuando pienso en una casa así enseguida me viene a la mente la imagen de los muros raspados, roídos por el tiempo que no da tregua, a punto de colapsar sobre el suelo sucio que los soporta. Lo que un día fueron ventanas ahora son huecos dolientes que dejan escapar sollozos del interior.
Como recuerdos de la presencia hay basura, dentro y fuera, parece que es lo que dejamos detrás de nosotros, lo que desechamos, vamos dejando basura a nuestro paso.
Los restos, de lo que un día fuera una majestuosa casa, solo enmarcan la ruina en la que se ha convertido. Pero a pesar de todo aun podemos ver que era diferente, que algún día estuvo ahí.
Siempre recuerdo aquella cas semi-derrumbada al final de la manzana, era de dos pisos y un sótano, aunque eso lo supe mucho después. Tenía muchas ventanas, demasiadas para mi gusto, arcos de diferentes tamaños con pedazos de vidrio percudido adheridos al metal oxidado.
Pase frente a ella muchas veces en mi vida, casi nunca note su presencia. Era como una persona de esas que están ausentes, que no ves, no escuchas, a veces ni siquiera presientes. ¿Sabes de lo que hablo, verdad? Una de esas personas que aun si te mirara fijamente no podrías sentir su ojos sobre tus hombros.
Creo que fue en noviembre que un día estuve caminando por algunas horas, no quería ir a casa, no sé por qué. A veces me pasa eso, no quiero ir a casa, me hace sentir prisionero, eso de estar solo, bebiendo café, fumando un cigarro después de otro y pensando sobre las mismas cosas, se puede volver tedioso, absurdo.
Bueno el punto es que ese día camine, haciendo lo mismo que en casa, supongo, fumar, beber café y pensar. No sé qué hora era pero aun había luz aunque el sol ya estaba cubierto. El viento no me dejaba encender el tabaco y comenzaba a desesperarme. Busque alrededor un lugar para cubrirme de la corriente y vi la casa.
En cualquier otro momento hubiera encontrado la idea de introducirme en una casa abandonada como la peor de todas. Quien sabe podía encontrar ahí, animales, insectos, algún vagabundo huyendo del viento como yo o algo pero, no sé. Pero no esta vez, le di un vistazo por fuera, note que algún día fue una casa lujosa, el estilo recargado no me gusto pero en su tiempo debió ser hermosa.
Cheque la puerta y estaba cerrada así que me dirigí a un costado y salte al interior a través de una ventana. Mientras prendía el cigarro pegado a la pared interior, baje un pié hasta el suelo y al bajar el otro tropecé con un enorme crucifijo roto, como todo ahí.
Era un desastre, pero aun quedaban trozos de cosas hermosas. Me quede un rato a curiosear, nunca había entrado a esa casa, me asustaron por años las historias. Era como la casa del terror o algo.
Nadie sabía que había pasado con el anciano y por eso los chicos comenzaron a inventar toda clase de historias sobre la casa. Y después se puso peor, cuando descubrieron su final.
Es que después de mucho tiempo encontraron al viejo muerto en el sótano, olvidó comer y murió de inanición. Nadie supo cómo fueron sus últimos días. Quien sabe tal vez así fue mejor, no puedes sufrir por lo que no recuerdas, no supo que estaba solo, ni que todo lo que celosamente guardo en los años al final no sirvió de nada.
En realidad no pasaba nada terrorífico ahí adentro, solo era un lugar triste y misterioso.
Gustavo Téllez Trejo, 3
ResponderEliminarHeira Flores, 4
ResponderEliminarLiliana Tapia Martínez, 4
ResponderEliminarCecilia Conde Rendón 2
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ResponderEliminarAna Patricia Spíndola Andrade 3
ResponderEliminarSusana Galván, 3
ResponderEliminarMartinsky... 4
ResponderEliminarEdith Martinez Rodriguez-4
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ResponderEliminarMiriam Martínes, 3
ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 2
ResponderEliminarEstefanía Elizondo, 3
ResponderEliminarTienes algunos problemas severos de redacción, recuerda leer tu texto antes de entregarlo para corregir errores. 2
ResponderEliminarHola Miss Mayra
ResponderEliminarSoy Sebastian Covarrubias Huerta
ResponderEliminarDel Colegio Anglo Mexicano
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