La familia Jaques Lúa, vivía en Ciudad Valle, tenían a su cargo la mayor parte de los asilos de ese lugar, a parte de cuidar a los ancianos les tenían diversos programas, los ponían hacer deportes, manualidades, les impartían platicas de motivación personal.
Estos programas habían originado que por más de 20 años consecutivos la familia ganara el premio más importante de la ciudad “Calidad Humana”, por lo que a los Jaques Lúa los convertía en la segunda familia más importante de la ciudad, manteniendo siempre una humildad y unificación familiar.
Su iniciador fue el señor Alfonso Jacques Lúa, comenzó su labor desde que tenía 35 años. Enviudo a los pocos días que nació su último hijo. Tenía tres hijos, el mayor, Alan, le seguía Vanessa, su pequeña princesa y por ultimo Rafael, quien era el más rebelde y consentido de los tres.
Desde que estaban pequeños, Alfonso los fue introduciendo a formar parte de su labor altruista. A pesar de que pertenecían a una de las familias más importantes y que siempre habían tenido lujos por doquier, desde los mejores colegios, viajes, carros, casas, nunca perdían la humildad.
Cada domingo se reunían en un rancho que se encontraba a las afueras de Ciudad Valle, por un lado se encontraban los hijos de Vanessa, Sebastián de 8 años, Sofía de 6 años y la pequeña Alba de tan sólo 3 años, les encantaba ese lugar porque jugaban libremente sin tantas restricciones.
Por otro lado, los adultos pasaban horas y horas en la sala de entretenimiento, jugando cartas, contando anécdotas ocurridas en los asilos o en su vida diaria, cantaban, veían películas; en ocasiones salían a montar, caminaban respiraban aire puro y fresco, todo era armonía.
Un día “normal” como cualquier otro, Rafael, el menor de los hijos se dirigió a la oficina de su padre, toco la puerta y al no notar respuesta alguna, entro, vio a su padre sentado en una silla junto a la ventana, con un aspecto demacrado, ausente de todo, se acerco preguntándole qué sucedía, pero lo que imperaba era un profundo silencio.
Rafael preocupado, de inmediato salió corriendo hacia las oficinas de sus hermanos, rápidamente al notar la angustia con la que fue a decirles que se apresuraran, llegaron en cuestión de segundos a la oficina del viejo Alfonso. Al entrar, su padre se encontraba tirado a un costado de su escritorio y a su lado un crucifijo roto que le había sido heredado por sus padres.
Lo tomaron entre sus brazos, vieron que no reaccionaba, en seguida llamaron al doctor de la familia. Llegó lo más rápido que pudo, le hizo un pequeño chequeo, notó que algo no marchaba bien e inmediatamente ordeno que le fuera trasladado al hospital más cercano.
Alfonso fue transportado en el helicóptero de la empresa para evitar tanto tráfico, al hospital llegaron en cuestión de minutos, lo pusieron en sala de observación para hacerle estudios más minuciosos. Sus hijos pasaron una, dos, tres horas en la sala de espera, pasaban médicos y médicos, pero nadie les daba respuesta alguna.
Después de cinco largas horas, el doctor de cabecera se dirigió a informarles con la familia Jacques Lúa a informarles el estado real de el viejo Alfonso-Temo decirles que su padre presenta un grado avanzado de Alzheimer-Vanessa no pudo contener el llanto, nadie se podía explicar tal suceso, puesto que nunca habían notado su falta de memoria.
Fue una impactante noticia para todos, el doctor les indico que no tenía caso que se quedaran en el hospital porque su padre pasaría en una sala aislado de visitas. Al salir del hospital, Alan hablo con sus hermanos, Vanessa y Rafael, para tomar una decisión respecto al caso de su padre.
Vanessa, argumentó que no podía hacerse cargo de él por su labor en los asilos y la responsabilidad que tenía con sus hijos; Rafael, el más chico, objetó que no podía por la Universidad y el trabajo, aunque todos sabían que su prioridad no era eso, sino, pasarla de fiesta y cumplir sus compromisos sociales; y Alan, el mayor veía a los asilos como su futuro así que no quería descuidarlos.
Al dar todos sus explicaciones llegaron a dos conclusiones, la primera, dejarlo en uno de los asilos de la familia o segundo, que viviera en el rancho, siempre y cuando hubiera dos enfermeras y un ayudante que lo cuidaran día y noche por cualquier cosa, analizaron los dos puntos para llegar a la mejor decisión.
Pasaron dos días, volvieron por su padre quien ya no tenía que pasar otro día más en el hospital. Todo parecía tan normal, llegaron a casa, lo colocaron en su cama para que descansara un poco, en la habitación de Alfonso se estaba viviendo una situación de tensión, sus hijos no quería dejar pasar más tiempo para informarle lo que había decidido que pasaría con él.
Aunque nadie se animaba hablar, Vanessa, tomó la palabra y dijo así-Padre, se que nos has dado mucho y estas sufriendo, pero por nuestras labores personales no podremos cuidarte, decidimos que vivirás en el rancho, habrá personas que te cuidaran para mayor seguridad, no estarás solo, iremos a visitarte todos juntos como cada domingo de reunión familiar; entre semana no podremos ir con frecuencia pero te llamaremos-al finalizar, el viejo, los miraba fijamente, cerro lentamente sus ojos y durmió.
Cuando despertó, ya se encontraba en el rancho, con tres perfectos desconocidos, las dos enfermeras y un vigilante, abandonado por sus propia familia, a los cuales desde pequeños les inculco el amor por los ancianos, siempre estuvo orgulloso de ellos porque todo indicaba que si había logrado su labor con ellos, pero vivía en un error enorme.
El viejo Alfonso, nunca hubiera imaginado que su vida terminaría lejos de las personas que tanto amaba en el mundo, sus hijos. De nada había servido tanta educación, reconocimientos si sus hijos no se querían hacerse cargo de él. Después de la muerte de su esposa no había sentido tanto dolor.
No quedaba nada por hacer, lo que durante años busco en la vida era que las personas amaran lo que muchos habían dejado de amar, sólo por su vejez, pero la vejez no estaba en lo físico o en la falta de memoria, sino en el corazón. Así pasaron los años, sólo, sus hijos lo frecuentaban menos veces, murió postrado en su cama.
Los abuelos o las personas grandes son seres que pueden ya no hacer tanto en la vida, pero eso no quiere decir que los tengamos que abandonar. Existen muchas personas jóvenes que se encuentran en la vejez y no por tener arrugas, sino por cerrar su corazón a la vida.
Gustavo Téllez Trejo, 3
ResponderEliminarMiriam Martínez, 4
ResponderEliminarHeira Flores, 4
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ResponderEliminarCecilia Conde Rendón 3
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ResponderEliminarMartha Zamora, 3.
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ResponderEliminarSusana Galván, 3
ResponderEliminarDavid Martinsky.. 4
ResponderEliminarEdith Martínez Rodríguez-4
ResponderEliminarEstefanía M. Elizondo, 4
ResponderEliminarFernanda Rodríguez: 3
ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 3
ResponderEliminarAlgo breve, sería buena un poco más de descripción para enriquecerlo...4
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