En la carretera rumbo al pueblo de San Justo, un quinteto de amigos entre 21 y 23 años se dirigían a la “casa abandonada”, que se encontraba en la entrada al pueblo de San Justo -en el pueblo de San Justo, las personas con intelecto y talento eran juzgadas, sino seguían la misma línea que establecía el gobierno, que a su vez era influenciado por la iglesia- Nicolás, Rebeca, Gaby, Eddy y Alfredo conformaban el quinteto que iba rumbo al pueblo. Alfredo iba manejando, estaba rechoncho, era flojo y simplón. Rebeca era tímida y siempre estaba distraída. Gaby era gritona, mandona y atrevida. Eddy era pequeño, delgado, pero muy intrépido y, Nicolás era inteligente, valiente y agresivo. Llegaron por ahí de las 11 de la noche a la “casa abandonada”. Los cinco amigos se bajaron del carro de Alfredo y se dirigieron a la casa. Llevaban cervezas, botanas y una linterna. Entraron primero los hombres por órdenes de Gaby. ¿Esta es la casa?, preguntó Nicolás, no es un burdel de enanitas, respondió sarcásticamente Alfredo. Nicolás guardó silencio, mientras sus amigos se reían. En el camino Rebeca había contado la historia de la casa y su difunto dueño, Rebeca contó que:
“En esta casa se había cometido hace dos años un homicidio hacia su dueño, Armando. El motivo de la visita era el conocer si era cierto lo que se decía sobre las cosas que existían y pasaban ahí. La gente contaba muchas versiones sobre la forma de ser del antiguo dueño de la casa asesinado, Armando; el cual fue un veterano de una guerra suscitada tiempo atrás en el país. La guerra cambio su vida por completo, pues en ella perdió a lo que más quería, su amada Dulcinea. Dulcinea era la novia en aquel entonces de Armando, la cual fue acusada de atea y fue linchada por algunos fanáticos religiosos. Armando en plena guerra, no estuvo para defenderla y se enteró la noche de aquel trágico día, al recibir un fax por parte de su comandante. Ya no pudieron casarse, como ellos lo habían planeado.
Armando se volvió un hombre ermitaño, taciturno, raro, muy antirreligioso, pero no por ello malo. El continuaría escribiendo sus memorias de guerra, elegías y poemas, pasatiempo favorito desde su juventud. El “viejo sin memoria” era el sobrenombre que tenia Armando, debido a que tenia apariencia de estar loco, según los prejuicios de la gente. Armando poseía una excelente mano zurda para dibujar, era un artista, y seguido se subía a la azotea de su casa a dibujar. A pesar de ser un hombre adinerado, no hacia alarde de ello. Su pelo ya pintaba algunas canas y tenía una pierna lisiada, por lo que le era difícil salir de casa”
“Una noche un ladrón intento robarle, Armando por lógica intento defenderse, el ladrón lo ahorcó con sus brazos y le metió un balazo. Un crucifijo roto quedó en el piso, fue el único daño que le pudo hacer Armando a su homicida. Quedaron manchas de sangre y, aquel crucifijo roto en el piso, indicaba que un fanático religioso había sido el homicida. Resulta que en esa región había un grupo de fanáticos religiosos que no toleraban a los ateos como Armando, además no soportaban que los ateos fueran ricos y misteriosos. Desde el homicidio, se le denominó la “casa abandonada”, donde asiduamente los curiosos visitaban el lugar para ver si encontraban dinero o si los espantaban o veían cosas raras”
Ya en la puerta de la casa, Alfredo, Eddy y Nicolás entraron primero, seguido de Rebeca Y Gaby. Una vez colocados en la casa se dividieron en dos, para recorrerla. Eddy, Alfredo y Rebeca subieron las escaleras para explorar arriba, Nicolás y Gaby se dedicaron de la planta baja y el sótano.
Rebeca, Eddy y Alfredo entraron a la única habitación, donde seguramente dormía el difunto dueño y había caído el famoso crucifijo roto. El cuarto tenía un aspecto tétrico, debido a lo obscuro que estaba. Alfredo se comía todas las botanas. Ahí se encontraba una cama vieja, varias pilas de periódicos y revistas pornográficas, Eddy dijo educadamente “pues aquí ni espantan, ni matan, ni violan”.
Nicolás y Gaby recorrieron la sala donde se encontraban sofás viejos y retratos cubiertos de telarañas. En la cocina había una estufa vieja, chímenes en el comedor y nada de comer. Ambos amigos traían una cerveza en la mano y se dirigieron al sótano.
El sótano estaba bien cerrado. Gaby ordenó a Nicolás que lo abriera. Primero intento abrirlo con las manos, pero desesperado por qué no se abría, le dio una fuerte coz y tumbó la puerta. El impacto fue tanto que las ratas que estaban en el sótano salieron huyendo del lugar. Gaby gritó desesperadamente al ver tantas ratas. Los gritos de Gaby fueron muy fuertes, que de manera rápida los otros tres que estaban arriba bajaron a ver si no les había pasado nada.
Ya los cinco en el sótano se dedicaron a explorar las cosas del sótano. Rebeca encontró un rifle viejo y una pistola, por lo que pensó llevárselos de a su casa y Rebeca se quedó con la pistola en las manos. Eddy y Alfredo hallaron un archivero con poemas, elegías y sus memorias de guerra. Mientras tanto Gaby y Nicolás hallaron cinco cajas. Con un martillo que se encontraba al alcance Nicolás abrió las cajas. En ellas se encontraban todas las pinturas que había hecho Armando en su vida. Eran unas cincuenta y de todos los tamaños.
Juntaron las armas, poemas, elegías, memorias y pinturas de Armando. Los poemas tenían la peculiaridad de tratar sobre mujeres. Las 15 elegías iban dirigidas hacia su amada Dulcinea, pues en muchas de ellas señalaba que había dejado a Dulcinea embarazada, antes de irse a la guerra y de la promesa de amor que se juraron. En otras elegías hablaba en honor a sus amigos de batallón muertos a causa de la guerra, y sobre las víctimas inocentes de la guerra. En sus memorias relataba el temor y angustia que representa participar en una guerra. Sus pinturas eran paisajes nublados, paisajes lluviosos, gente con la boca cerrada, con las manos atadas o gente señalando a alguien como si ese alguien fuera algo extraño. Tenía una pintura de un hombre en la ventana, con la vista al pueblo, con el semblante decepcionado…
Las obras eran de buena calidad y sus escritos conmovedores y excelentes. Pero los cinco jóvenes se preguntaron ¿Por qué nunca dio a conocer sus escritos y sus pinturas?
Eran las dos de la mañana, y se tenían que retirar del lugar rumbo a la ciudad de donde venían. Dejaron todo lo encontrado en su lugar, y ahí quedó el talento guardado como siempre, en un sótano sombrío, ignorado por el pueblo…
Gustavo Téllez Trejo, 3
ResponderEliminarHeira Flores, 3
ResponderEliminarLiliana Tapia Martínez, 2
ResponderEliminarCecilia Conde Rendón 3
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ResponderEliminarMartha Zamora, 3.
ResponderEliminarta bueno 4
ResponderEliminarAna Patricia Spíndola Andrade 3
ResponderEliminarSusana Galván, 3
ResponderEliminarMartinsky... 4
ResponderEliminarEstefanía Morán Elizondo, 4
ResponderEliminarEdith Martinez Rodriguez-4
ResponderEliminarFernanda Rodríguez: 4
ResponderEliminarMiriam Martínez, 3
ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 3
ResponderEliminarTen cuidado con la repetición de palabras en el mismo párrafo, recuerda que siempre puedes recurrir al uso de sinónimos para mejorar la redacción. 3
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