Era un lugar lejano, recuerdo que abundaban arboles y flores, es más, pensemos que era un bosque (mi memoria a esta edad de 63 años no es la misma, no, definitivamente ya no es muy buena) mis padres acostumbraban llevarnos al menos una vez al mes, acampábamos y pasábamos un día de campo maravilloso. Mis papás se relajaban, mis hermanos: Martin de cinco años, Laura de dos y yo, nos divertíamos en grande.
Lo que mas recuerdo era la enorme tranquilidad que ahí reinaba, aunque no se la ubicación exacta, tengo imágenes claras de pequeños rincones en los que solíamos estar. Todo era verde, animalitos como ardillas, mariposas e incluso uno que otro venado se dejaban ver de vez en cuando.
Nuestro día iniciaba cuando mamá nos levantaba de la cama muy temprano, papá por su lado, ya estaba subiendo todo lo necesario para nuestro día de campo: cobijas, colchonetas, comida, la casa de acampar (obviamente) y demás objetos curiosos para hacer más amena la estancia.
Posteriormente tomaba rumbo y cuando menos acordábamos mis hermanos y yo, ya estábamos en medio del bosque, armábamos nuestra casita y comenzábamos a buscar distintos animalejos raros, plantas, en fin…cualquier cosa fuera de lo que comúnmente teníamos entre manos y competíamos para saber quien era el mejor “reclutador” de cosas extrañas de los tres.
Posteriormente comíamos, platicábamos un rato (en lo que reposábamos la comida), luego jugábamos pelota en familia o ya cuando comenzaba a anochecer quemábamos bombones y así pasábamos juntos aquellos días con la naturaleza, hasta una noche, en la cual mis hermanos ya cansados no querían jugar mas, mi hermana: dormida y mi hermano: bien sincero de plano me dijo que no, que ya no quería jugar.
Entrada la noche papá y mamá trataban asuntos domésticos (los cuales no me interesaban) y me dispuse a emprender una pequeña caminata, aun recuerdo que mi madre extrañada insistió en que esperara a que amaneciera pues estando todo oscuro podría darme miedo…
-Yo que tu, esperaría a mañana hija (dijo mi mamá).
-¡No, estoy aburrida! Y tal vez caminando me distraiga un rato, por que lo que son ustedes no me hacen caso, solo platican y platican y yo ya me aburrí.
-ja-ja-ja-ja- ja (rieron mis papas).
-vete a dormir (insistía mamá).
Así que me di la media vuelta y me marche de la vista de mis padres, ellos por su parte nada dijeron, pues obviaron que les había echo caso y que iba directa a la casa de campaña junto a mis hermanos, pero ¿cual seria su sorpresa? Mi rumbo cambio y de pronto me encontraba caminando sin rumbo fijo y sin darme cuenta, me había alejado de mi familia.
No se cuanto tiempo abra transcurrido cuando de pronto me encuentro con una casa, una casa abandonada, todo estaba sucio, lleno de telarañas, polvo, en fin, parecía que hacia una eternidad que no limpiaban aquel lugar. A decir verdad aun no encuentro una explicación para que aquello no me causara miedo, creo que me gano la curiosidad.
Algo que inmediatamente llamo mi atención fue un enorme crucifijo negro que estaba en la entrada de la pequeña casa que aunque roto, imponía, pues el tamaño, el color y que estuviera roto eran características muy peculiares, nunca había visto un Cristo negro y menos roto, ¿quien tendría un crucifijo roto? Me pregunte -¡Yo compraría uno nuevo!
Realmente no había mucho por ver, solo un pequeño sillón “blanco” (creo que era más gris por la mugre que blanco), dos sillas a un lado del sillón y una mesa cuadrada de madera muy viejita y ya, no había más.
Me causaba mucha curiosidad pensar, ¿Quién podría vivir ahí? Sin refrigerador, ni estufa, no creo que en ese entonces las maruchan existieran, además necesitaría micro y pues menos, si no llegaban a refrigerador que es de necesidad de primera mano, menos tendría horno de microondas, ¿qué comerían los que ahí vivían? Mas tarde y sin encontrar algo más interesante me dispuse a salir, de pronto veo que colgaba en la puerta una imagen, un joven apuesto, fuerte y sonriente, estaba ahí retratado, lo mire un instante e imaginé que seguramente sería el dueño de la casa, dije hola (casi gritando) y nadie respondió, fue entonces que me salir de ese lugar.
Al cerrar la puerta y levantar la mirada cuál sería mi sorpresa, entre la oscuridad vi la silueta de una persona, a juzgar por el tamaño era una persona pequeña, no alcanzaba a ver bien por lo que me acerque poco a poco.
Era un viejito con una mirada triste, en un principio me dio un poco de miedo, pero al ver su rostro arrugado y tan indefenso, que creo que me gano con la ternura que desprendía o tal vez siendo más honesta la curiosidad hizo otra vez de las suyas y le pregunte como se llamaba, pero él no contestaba, cada vez me acerca más lentamente, el, callado, no se movía, mientras yo cada vez mas intrigada.
Después de no sé cuánto tiempo, solo me dijo…
-Qué edad tan hermosa es la que tienes, la mejor de todas, donde no necesitas de nadie para salir adelante, disfrútala… (Y un silencio se hizo presente)…disfrútala porque cuando estés como yo, nadie te recordara, te abandonaran cuando mas necesites de su ayuda y comprensión y muy sola te quedaras. Creo que casi lloro al oírlo, lo dijo en un tono tan lleno de melancolía, que me dio mucha tristeza.
Quise abrázalo y trate de acercarme más ha él pero parecía que conforme me acercaba, el se alejaba. Lo único que pude decirle fue que no estuviera triste, que yo podría ser su amiga.
-¡dime cómo te llamas y seremos nuevos amigos! Le dije
A lo que me respondió:
-no tengo nombre, no tengo familia, no tengo nada, ahora soy un viejo sin memoria, sin recuerdos, sin pasado que me atormente y me haga recordar lo solo que estoy. Valora a tu familia y aprovéchala lo más que puedas, para que si de viejo no te recuerdan, al menos lo disfrutes ahora
Y de pronto… ¡Pum! Desapareció, recuerdo llamarlo y llamarlo y nada, no obtenía respuesta alguna, simplemente desapareció, se fue, la verdad es que no se si lo soñé, si fue una aparición o la edad me hace creer que son recuerdos de mi pasado simples alucinaciones.
Lo que si puedo decir es que es algo que he tenido mucho en mente últimamente, esa experiencia me hizo querer y valorar a mi familia aun mas, no me imaginaba sola, sin ellos.
Yo no quería ser una viejita como aquel señor triste y abandonado, simplemente quería estar con mi familia y que me quisieran tanto como yo a ellos, creo que ando algo nostálgica y por esto lo recuerdo tanto, ¿será acaso que extraño a los míos? No tiene mucho de la última vez que los visite, pero parece que si es eso, los extraños bueno pues, ¿qué hago aquí? Me alistare y me iré a buscarlos, tal vez y con suerte hasta me inviten a comer, sí, eso hare, sin antes cerrar estas páginas escribiendo, la importancia de la familia, y el recordar que algún día todos llegaran a una edad en la que no podrán estar solos y necesitan de los que más los quieren, cuiden y protejan a sus viejitos, para que el día de mañana los cuiden con el mismo amor con el que a mí me cuidan.
Firma
Josefa Ortiz de Domínguez
Gustavo Téllez Trejo, 2
ResponderEliminarItalia Gutierrez, 3
ResponderEliminarJosé Rodrigo Espino Mendoza, 3
ResponderEliminarHeira Flores, 2
ResponderEliminarLiliana Rodríguez 3
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLiliana Tapia Martínez 4
ResponderEliminarCecilia Conde Rendón 3
ResponderEliminarMartha Zamora, "soy un viejo sin memoria" es la mejor parte, 4.
ResponderEliminarFernanda Rodríguez: 4 (:
ResponderEliminarSusana Galván, 3
ResponderEliminarEstefanía Elizondo, 3
ResponderEliminarDavid Martinsky... 3
ResponderEliminarEdith Martínez Rodríguez-3
ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 2
ResponderEliminarMiriam Martínez, 3
ResponderEliminarArturo Espinosa 3
ResponderEliminarTienes problemas de ortografíavy redacción, recuerda que son tu carta de presentación, le falta algo a tu historia, pero sé que si te esfuerzas mejorarás. 2
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