lunes, 10 de octubre de 2011

¿SUEÑO O REALIDAD?

Poco antes de caer la noche, Mariana, esa joven que siempre se había caracterizado por su silencio y su enorme seriedad, esa joven perteneciente a la clase alta y con apellido de abolengo, se encontraba sola en un bosque oscuro y frío, era otoño, las hojas secas caían de los arboles como la lluvia espesa de esos días en que parece que el cielo se viene abajo, se sentía una humedad escalofriante y un susurro del viento que rosaba los oídos; pero que extraño, de repente se dio cuenta de que ella nunca buscó llegar ahí, ni siquiera recordaba haber comenzado a caminar y mucho menos lo que había hecho antes de aparecer en ese lugar.
Convencida de que estaba perdida y sola, intentó recordar cómo había llegado ahí, pero ni un solo recuerdo aparecía en su mente, por lo que decidió caminar así nada más, con la esperanza de salir de ahí; llena de miedo y muy desconcertada avanzó durante un par de horas hasta que vio a lo lejos una casa muy vieja, tanto, que a simple vista denotaba el mal estado en el que se encontraba, al acercarse a un ventanal enorme que había a un costado de la puerta frontal, se pudo dar cuenta de que en esa casa había muebles antiguos y muy sucios, con capas de polvo de un grosor que provocaban alergia de tan solo mirarlos.
Después de curiosear un rato desde afuera, pensó en entrar, aunque lo dudó un poco por el miedo que le provocaba lo desconocido, pero a final de cuentas se atrevió y entró. Desde afuera todo lo había visto diferente, sin embargo ya estando adentro descubrió que la realidad era otra, era un lugar oscuro y frío, incluso un poco más que el mismo bosque; había telarañas que hacían difícil seguir avanzando por los pasillos. Con un rostro reflejando curiosidad desde todos los perfiles, Mariana observaba detenidamente cada detalle de la casa, avanzaba, y luego volvía, como si se hubiese arrepentido de seguir, pero siempre retomaba el camino.
En una mirada fugaz en todas direcciones vio una puerta enorme de madera rústica que tenía grabada con pintura roja y apenas visible una cruz desalineada y sin proporción; enseguida corrió a ella y la abrió como desesperada, parecía que había olvidado su miedo y la curiosidad se volvía más fuerte que cualquier cosa; entró y al darse la vuelta después de cerrar la puerta no vio nada, era un cuarto vació. Se decepcionó de la misma manera en que se había ilusionado y quiso salir, pero se dio cuenta de que la puerta ya no abría; lo intentó una y otra vez, sin embargo no lo logró, ya no pudo hacer más sino llorar y comenzar a explorar las paredes tentaleando de arriba a abajo. De repente notó algo extraño, sintió una figurilla entre sus manos aproximadamente a la altura de su rostro, al acercarse más, pateó con ambos pies otro objeto que en seguida se agacho a recoger; era una linterna, la encendió y lo primero que hizo fue buscar con la luz ese objeto que había tocado con ambas manos.
Era un crucifijo con unos colores muy brillantes, lo descolgó del muro y se dio cuenta de que le faltaba algo, el Cristo no tenía una mano, al verlo en ese estado le entró una tristeza inmensa y volvió a llorar. Fue cuando se llevó un susto enorme que terminó calmado su llanto, alguien le estaba tocando el hombro, dio media vuelta alterada y con la linterna buscó el rostro de esa persona, era un viejito canoso, sucio y flaco, que le pidió que no tocará el crucifijo, Mariana estaba tan alterada que se lo entrego y quiso salir corriendo, pero una vez más falló al abrir la puerta.
El viejo la tranquilizó diciéndole que no le haría ningún daño y que el Cristo los protegería a ambos. Ella entonces le preguntó que cómo había entrado y solo contestó diciendo que ya no se acordaba; le hizo más preguntas sobre él, sobre su vida y con respecto a la casa y al lugar en el que se encontraban, pero seguía contestando que no recordaba. De repente una luz cegadora se apoderó del cuarto y cuando Mariana volvió a abrir los ojos estaba en su habitación, buscó los arboles, la casa y al viejo, pero ya nada de eso estaba, solo en su cabecera se encontraba el crucifijo roto, nunca pudo descubrir qué fue lo que pasó, para ella no era un sueño por que podía seguir tocando un objeto importante en el, pero no lo llamaba realidad porque nunca supo cómo llegó a ese lugar y luego como regreso a casa, ¿tú qué crees que paso?

19 comentarios:

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  2. Heira Flores, ya lo leí con más calma, si hay algunos fallos, pero la trama está buena: 5.

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  3. Tienes algunos problemas con la ortografía y de redacción, pero tu descripción es buena...4

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