lunes, 10 de octubre de 2011

RECUERDOS OLVIDADOS

Aún recuerdo cuando el abuelo nos contaba sobre sus aventuras en el bosque. Sentado en su cómoda mecedora, se colocaba una manta tejida sobre los pies, sorbía chocolate caliente y al mirarnos comenzaban sus relatos.
Los otoños visitaba la casa que mis padres habían comprado para vacacionar, esta se encontraba en el medio de un gran bosque, rodeada por enormes árboles, muy cercana a un río. Mis hermanos y yo exploramos tantas veces aquel lugar, que lo conozco de memoria.
Por las noches caminaba bajo el manto negro de aquel sitio que vislumbraba mi imaginación a tal grado que pensaba ver cosas. Ahora cada noche sueño con aquel lugar, en mis sueños veo seres extraordinarios que siempre quise ver, pero que solo imagine. Cada espacio y rincón de mis recuerdos de aquel lugar me traen sensaciones indescriptibles, siento que siempre viví un sueño. E intentado remover mis pensamientos y recuerdos para tenerlos con claridad y por fin tener la certeza de que era o es realmente real.
En estos sueños recurrentes aparece una bella mujer, que corre frente a mí, indicándome que la siga, cuando me dispongo a alcanzarla se pierde entre cortinas de flores. De un segundo a otro estoy en el rio, empapado de agua helada. El agua es tan transparente y yo estoy flotando entre los lirios, escucho la risa de una mujer, desconcertado intento levantarme, pero ya no puedo, estoy completamente sumergido en el agua. Intento nadar hacía una salida, justo cuando comienzo a ascender frente a mi aparece el cuerpo de la bella mujer, morado de asfixia y tieso sin vida. Cuando despierto no entiendo que pasa. Tengo ese sueño repetitivamente. Y entonces, ¿Cómo te llamas?.
El abuelo me volvía a contar su historia, el sueño que nunca acababa y que cada que vengo a verlo me repite. Ha olvidado mi nombre, como en muchas otras ocasiones y como siempre también olvidó quien era. El abuela tan solo es un pobre hombre con problemas de personalidad múltiple, un día es alguien al otro ya no y después ya ni el mismo sabe si existe.
Ese día después de visitarlo, recordé el camino de la casa del abuelo. Maneje hasta la entrada de una casa que ya no reconocía, una casa abandonada, triste y sin vida. Entre por la puerta principal, que chillaba de vieja, merodee sin objetivo alguno. Me senté en la mecedora preferida del abuelo, algo incomodaba el asiento, me levante y encontré la fe desquebrantada del abuelo. Un crucifijo roto, que trajo a mi cabeza el recuerdo de mi madre sollozando la pérdida. Mi abuelo se había vuelto loco, y como siempre no recordaba quien era, ni que hacía, ni que haría; la abuela cocinaba la cena y había dejado la sopa calentándose, el abuelo vuelto loco de rabia corrió hacia donde la olla llena de sopa.
Lo único que nos dijeron es que el abuelo nadaba en el río, junto al cadáver de una mujer. La mujer que le había dado tres hijos y que cuando sacaron del agua ya no supo reconocer.

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