lunes, 10 de octubre de 2011

¿POR QUÉ?

En una tarde soleada de otoño, caminando entre hojas amarillas y un viento suave sobre mis mejillas, pensaba que hacer para evadir la soledad que asechaba mi cuerpo, mi alma y pensamientos; Sin saber a dónde ir, a dónde dirigirme, me detuve y observé, me encontraba en medio de una vereda de tierra negra, repleto cada uno de los lados del camino de hojas secas, que crujían al caminar sobre ellas, grandes árboles cubrían de sombra aquel lugar, era el escenario perfecto para estar acompañado ¿y yo? Yo simplemente solo…
Camine sin saber hacia dónde, de pronto me hallé frente a un pequeño arroyo, me senté a la orilla y encontré allí un pedazo de vía, por allí se encontraba anteriormente una estación de tren; no quería hacerlo pero no pude evitar recordar aquel invierno en Estambul, corríamos juntos de la mano diciendo adiós a los pasajeros del tren; todas las tardes había algo nuevo, algo diferente, algo divertido, tantas aventuras que vivimos juntos, era inconcebible que ya no estuviera a mi lado.
Recuerdo aquel 19 de diciembre, cuando todos en casa preparaban los adornos para navidad, se respiraba un aire de tranquilidad, de paz y compañía; ella y yo salimos a comprar los regalos para noche buena, caminando al lado de la avenida principal, reíamos de la señora enormemente gorda que estaba furiosa por que no le quedaba el abrigo que a ella le gustaba, _ jaja, fue tan divertido.
Junto al parque de los cañones, yo admire su belleza, sus ojos grandes y brillantes, cabello oscuro y sedoso, su piel blanca, boca pequeña y besé con ternura su nariz fría, era linda y hermosa, de pronto exclamé con alegría:
_ ¿Qué nueva aventura nos espera? ¿A dónde iremos hoy?
Ella sonrió y antes de responder… pandroso, sucio, sin peinar, roto y mal oliente, un viejo se le acerco pidiendo un peso _¡No tenemos!_ conteste yo, la tome de la mano y caminamos pero el viejo nos seguía con la mano extendida y repitiendo una y otra vez _“peso, peso”_ yo, molesto, me busque entre los bolsillos unas monedas y se las di _tenga, y ahora márchese_ el levanto el rostro y me miró a los ojos _ ¿eres tú? Hijo mío, la vida te puso en mi camino para que conozcas tu destino… tomé a Karla de la mano y me dije a mi mismo _viejo loco_ antes de perdernos de vista él gritó _¡no entres allí!_
Me quede abrumado por las palabras de aquel viejo y le dije a ella que era mejor regresar la deje en su casa y acordamos vernos la siguiente tarde.
Llegue a casa y me tire en la cama y al Cristo en mi cabecera le dije _¿qué habrá querido decir ese anciano?_ a diario platicaba con ese crucifijo, pero ese día, ese día ya no quería pensar más en aquello y decidí dormir.
_¡Kaaaaaarla!_ grité con fuerza cuando desperté, estaba muy espantado, pues ella estaba tan cerca de mí en aquel sueño y yo le hablaba con desesperación pero ella no podía escucharme, me sentía frustrado y no pude seguir durmiendo, apenas amaneció y decidí ir con ella a pesar de que habíamos quedado de vernos más tarde.
_Señora Hilda ¿cómo está? ¿Se encuentra Karla?_ dije
_Claro, pásate, en un momento la llamo_ contestó
Sentado en la sala observaba las plantas de doña Hilda, inmediatamente mire a mi novia en el pasillo y dijo:
_¡Cariño! ¿Qué haces aquí tan temprano?_
_No podía esperar más para verte_ contesté _Estas hermosa…
En mis adentros quería contarle lo intrigado que me sentía por aquel sueño, pero me resistí a hacerlo por pena y mejor la invité a desayunar para tratar de olvidar aquel asunto.
En una cafetería ella me comentó que quería conocer un lugar pues le habían platicado que era muy misterioso, se encontraba a las afueras de la ciudad y era una casa vieja con un jardín enorme, deshabitada desde hacía años, pensé que sería una aventura increíble y con ello podría olvidar, además ya estaba tan cerca la navidad, era la primera vez que la pasaríamos juntos y eso me hacía muy feliz, después de que ella termino de contarme, accedí a ir y pedimos un taxi para llegar hasta allá.
Nos dejó justo enfrente de una casa con fachada amarilla, desgastada por el tiempo, con las paredes cuarteadas, tenía una reja de acero sin color, pues los años no pasan en vano, el jardín estaba seco y la casa tenía un ventanal de cristal esmerilado color azul y rojo que impedía la vista hacia el interior.
Realmente no quería entrar ahí pero ella se veía tan emocionada y con esa mirada suplicante me convenció, saltamos la reja, estábamos en el jardín, casi no había vecinos y nadie podía vernos, Cuidadosamente intentando no hacer ruido, empujamos la puerta que estaba atorada pero finalmente abrió.
¡Oh, la casa era hermosa! Tenía duela de caoba, muebles impresionantemente elegantes, noté que estaban tallados a mano por las formas y figuras, del techo una gran lámpara dorada colgaba para complementar la belleza del lugar, era increíble.
Era tan bello el espacio que decidimos explorar que más había, yo solo le pedí que no se alejara tanto de mí, el espacio era bastante grande y yo desde la recamara le gritaba
_¿Qué has encontrado?
_ La cocina, es enorme tiene mil cosas, ¡así quiero que sea nuestra casa escuchaste!_ Bromeó
Luego encontré una estatua que parecía de oro, de inmediato salí para mostrársela, _¡miiiira!_ grité, pero no respondió; _Karlaaa_ dije con más fuerza, nuevamente no obtuve respuesta, comencé a buscarla y vi unas escaleras que conducían hacia un piso subterráneo, volví a gritar su nombre y le suplique que no hiciera esas bromas, que no eran de mi agrado, como no obtenía respuesta me asuste un poco busque la luz para bajar al subterráneo pero no la hallé, con un poco de miedo y casi a tientas bajé y observé el espacio, había un mueble con cosas viejas, parecía una bodega, no la miraba por ningún lado y sólo quería salir de ahí, de pronto escuche un ruido más adentro de la bodega y fui hacia el _¿estás aquí? Ya no te escondas_ sentía angustia por no verla lo único que quería era encontrarla.
De pronto la escuche gritar con desesperación en el piso de arriba, subí corriendo las escaleras, resbale me golpee la cabeza y perdí el conocimiento.
Un techo blanco y un ambiente pacífico, fue lo primero que vi cuando abrí los ojos, estaba en el cuarto de un hospital, solo una enfermera me acompañaba y lo primero que le dije fue:
_¿Dónde está ella?_
La enfermera me dijo que me calmara, que ella estaba mejor que nunca, en un lugar más tranquilo y seguramente en esos momentos estaba descansando, insistí en una respuesta concreta pero ella sólo dijo _Ya te enteraras_ y me informó que mi madre venia para conmigo y en cuanto ella llegara yo saldría de ahí.
Pasaron casi 45 minutos, 42 para ser exactos cuando llego mamá y subimos al auto, yo esperaba un reclamo o de menos un sermón, sin embargo ella no dijo nada, solo preguntó cómo me sentía yo le dije que bien, encendió el radio y no volvió a mencionar palabra en todo el camino, yo no me atreví a decir nada pues sabía que si no hubiera ido a ese lugar nada de eso hubiera sucedido, en cierta medida me sentía culpable.
Llegamos a mi recamara y me recosté miré el crucifijo y le pregunte por Karla, en seguida tome el teléfono y marque a su casa, sonó una y otra vez y nadie contestó, su celular estaba apagado..
Decidí ir a buscarla, cuando escuche los gritos de una señora que con fuerza decía
_Tu eres el culpable, todo es culpa tuya_
miré por la ventana y me sorprendí de ver a doña Hilda, salí de inmediato y mamá ya intentaba tranquilizarla, cuando yo bajé las dos tenían lagrimas en los ojos y la señora Hilda lloraba desconsolada _ ¿Qué sucede?_ pregunté, ninguna respondió, cuando llegamos a la sala, mi madre le dijo a la Sra. Hilda que yo no sabía nada y le platico del golpe que me di; ella dijo que yo debía entrarme de lo que pasaba y sin más rodeos me dijo:
_Karla murió_
_ ¿Qué? Dije con desconcierto y ella más lloró, me contestó que la habían asesinado mientras estaba dentro de esa casa conmigo, me dijo que porqué no la había salvado, su nieta era lo único que tenía en el mundo, no pude soportar su palabras, no podía creer lo que estaba escuchando, sentí dolor, coraje, impotencia y tantas ganas de llorar que corrí a mi recamara descolgué al Cristo de mi cabecera y le grite:
_ ¿por qué me la quistaste?, tu sabias que yo la amaba, ¿quién hizo eso? No pude más y me desvanecí en llanto, un llanto lleno de pena e impotencia por no obtener ninguna respuesta, con furia azoté el crucifijo contra el suelo, voló en mil pedazos y le grité: _¿Por qué ella? ¿Por qué no me llevaste a mí? ¿Por qué le quitas la vida a la única persona que le da sentido a la mía…
Cuando me di cuenta las lágrimas ya corrían por mi rostro, seguía sentado al lado de aquel arroyo y no quería recordar más que nuevamente pasaría otra navidad sin ella, aún conservo el regalo que le compre desde aquel día, nuestro último día juntos y felices, de pronto un anciano harapiento se acerco a mí y me dijo, te advertí, que no lo hicieras…

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