Los seres humanos preferimos valorar aquellas memorias alegres y plácidas que se mantienen cerca del corazón, tratando de borrar los recuerdos oscuros y desafortunados que han entorpecido alguna vez nuestro andar por la vida; y se olvida que para probar las mieles de la flor de la vida , es necesario tomar unas cuantas espinas.
Nuestros recuerdos son una parte inherente, son viajes a lugares y horas imposibles, cuna de las inspiraciones, consuelo de causas perdidas y el aliento de los amores fallidos; son escenarios de humo y de luz ; infinitas experiencias que forjan el camino que seguimos.
Recuerdo aquella época de mi vida donde en mi cuerpo y mi alma no había dolor y mi imaginación gozaba de la presencia de la libertad y la felicidad; en mi no cabían agonías ni sabores amargos.
Toda la dicha que sentía, la compartìa en aquèl lugar de grandes ventanales con suaves cortinas, donde la tibieza del sol abrazaba mi cara y los verdes parajes llenos de figuras alegraban mi alma. Ahì estaban el y ella, guardianes de mis sueños , centinelas de mi travesìa y raíz de mi existencia; estampas de bondad y de ternura, las siluetas que yo creía eternas y hoy se reducen a sombras que vagan por mi mente.
Aquella casa ahora está abandonada y guarda en ella el rigor del destino que calcino todo, excepto mis recuerdos. Cayó la gracia del todopoderoso cuando ella se fuè y mi tristeza enfurecida que no encontraba autor, me hizo romper aquel crucifijo en mi pecho que portaba en nombre del señor. Ya no sentía calor en mi ser; las espinas de la vida habían rasgado mi piel.
De pronto mis memorias parecían un castigo cuando las equiparaba con la realidad, esa felicidad intangible era momentánea y cuando lo veía a el en ese eterno escenario de soledad regresaba al presente.
El ahora estaba convertido en una triste imagen y había preferido olvidar, rechazar todo aquello de lo que era parte, quiso salir del mecanismo tortuoso en donde veía el ocaso sin que el amanecer apareciera y la noche caía siempre donde la memoria castigaba al corazón una y otra vez.
Nada pude hacer por él y mi alma albergaba ya profundas desilusiones que se hicieron mayores al paso de los años, pero negar mi realidad no me serviría de nada, entonces me convertí en el heredero del destino ganando recuerdos y perdiendo oportunidades; rodeado de triunfos y albergando fracasos; confiando y siendo cruelmente traicionado; amado y despreciado; bendecido y espinado; llorando como otro cualquiera y luchando por que el destino no ganara mi vida. Ganador de la memoria eterna de ellos, de sus sonrisas y sus palabras, comprendí que no podía vivir preso de mis recuerdos, sino que debían ser mi escalera y no mi precipicio.
Liliana Tapia Martínez, 5
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ResponderEliminarCecilia Conde Rendón 4
ResponderEliminarMartha Zamora, 5.
ResponderEliminarGustavo Téllez Trejo,4
ResponderEliminarHeira Flores, 4.
ResponderEliminarmuy bueno eh! 5
ResponderEliminarSusana Galván, 4
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ResponderEliminarEdith Martinez-5
ResponderEliminarFernanda Rodríguez: 5 (:
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ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 2
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