lunes, 10 de octubre de 2011

FRAGMENTOS DE FELICIDAD

Ya hacia una hora que se encontraba frente a la casa recordando y observando, pero aun no encontraba el valor para entrar. Era noviembre y el aire frio calaba su cara, en las cercanías se escuchaba el murmullo de los niños del vecindario corriendo, se percibía el aroma de café con canela, recién hecho en algunas de las casas cercanas, y se mezclaba con el olor a tierra mojada por la llovizna de la tarde, se sentía una tranquilidad emanar de aquellas casas, menos de esa. Esa que en años atrás fue también un hogar, su hogar.
Empezaba a morirse el día y sabia que solo debía cruzar la calle y colocar el letrero de venta, por fin tomo aire y soltó un suspiro que hizo brincar su corazón de tan profundo que fue. Su pierna derecha hizo el primer movimiento para tratar de avanzar, pero fue tan difícil, parecía como si detrás trajera un costal amarrado. Superando un dolor más fuerte que el físico y con el crujir de sus huesos como fondo, inicio la travesía.
Cuando coloco el primer pie en lo que un día fue su hermoso jardín escucho el crujir de una hoja seca aplastada contra el suelo, inmediatamente volteo a ver a aquel gigante que gobernaba el frente y que al compas del viento movía sus ramas soltando sus últimas hojas secas y parecía que se estaba despidiendo, al verlo así, salto a su mente una película antigua, que iniciaba con una pareja plantándolo y con él, no solo plantaban un árbol, también plantaban sus ilusiones, esperanzas, anhelos y sus ganas de ser felices, en el siguiente cuadro se veía una hamaca con un bebe y junto a él sus padres felices, después ya no fue uno sino cuatro, cuatro angelitos que corrían alrededor del árbol, que gritaban por su turno en el columpio, se veía también a un padre que construía una casa para los pajaritos del árbol porque Susanita quiso que los pájaros tuvieran una casa como la de ella, si, parecía una película, una hermosa, alegre y antigua, muy antigua película.
Con un corazón muy débil, físicamente y anímicamente, recorrió el jardín y no pudo evitar llegar hasta la puerta principal, jalo el mosquitero y de inmediato la invadió una nube de polvo y telarañas que la hizo toser y al mismo tiempo regresaron los recuerdos, y volvió a ver las coronas de navidad sobre aquella puerta, las primeras veces que llegaban en sus brazos esos pequeños seres, los besos de bienvenida y despedida hacia el hombre con quien compartió casi cincuenta años de su vida, las primeras veces que sus pequeños salían con temor del primer día de clases, del primer examen, de la primera visita al dentista; tuvo que pedirle a su Dios aliento para seguir adelante.
Había esperado este momento durante algunos días, estaba llena de temor, no por ella, si no por sus hijos, por la vida, por lo tarde que llega la justicia y por lo que significaba en sí, sabía que podía llevarse algo, así que cogió valor para continuar.
Caminó por la sala y observo el catre que seguía allí, en el mismo lugar en el que días antes su amado había exhalo su último suspiro, tomo entre sus manos el crucifico que se hallaba en el piso casi destrozado, aquel que les regaron el día de su boda y que en varias ocasiones, Jorge lo había aventado, y al que ella pedía cada noche que regresara su marido, que regresara de aquel mundo en blanco en el que vivía, cayó sentada al recordar cómo había empezado todo el olvido, al principio fueron las llaves del carro, de la casa, luego fechas, luego todo…Fueron casi ocho años de esta enfermedad y a ella no le pesaban y a veces hasta agradecía el que no se hubiera enterado de todo lo que estaba pasando a su alrededor.
Con un cuerpo lleno de huellas del tiempo, con pesadez propia de la edad y peor con un alma llena de vejaciones, subió aquella escalera en la que se hallaban toda su vida resumida en fotos, fotos de esos momentos que se sentía dichosa, en aquellos momentos que eran una familia, observo la foto de su boda, amarilla por los años, su vestido que fue sencillo en una iglesia pequeña solo sus familias como testigo, pero con todo el amor y esperanza que se puede tener al unirse al ser que te complementa y que te hace una mejor persona, a través del cristal vio el reflejo de sus ojos, ya no se parecían en nada a aquellos de juventud, ahora los parpados caídos representaban como se hallaban sus esperanzas, ya no había brillo en sus pupilas, el maltrato lo había apagado y consumido poco a poco.
Recorrió con su mano nuevamente la foto, como queriendo extraer un poco de felicidad que tanto le hacía falta en ese momento. Al seguir subiendo fue viendo como hizo crecer a su familia, la llegada de cada hijo, los cumpleaños, las graduaciones, todo lo que siempre quiso para ellos, al final como si hubiese sido un presagio se encontraba la foto de la ultima navidad que estuvieron todos juntos, que habría sido de eso unos 10 o 15 años, ¿qué les había pasado como familia?. Recorrió el pasillo estrecho y paso por los que alguna vez fueron las habitaciones de sus pequeños y que uno a uno fue viendo como dejaban la casa.
Cuando Susi se caso, cuando Jorge se fue a hacer su maestría al extranjero y cuando Ana y Emilio se fueron a otra ciudad a la universidad, nunca se puso triste porque sabía que ella siempre había deseado que sus hijos se superaran, que fueran exitosos y buenas personas.
Al seguir por el pasillo llego a la que durante años fue su recamara, giro el pórtico y pudo percibir el olor de la colonia de su esposo, sintió como si a través del aire la estuviese abrazando, vio todo su cuarto, su ropero con algunos vestidos que ella se había hecho para poder guardar dinero para sus hijos, vio su tocador donde se arreglo para tantas ocasiones especiales y vio su cama.

Aquella cama que fue fuerte de tantas guerras de almohadas, que sirvió de protección contra monstruos que vivían debajo de las camas, al recordar eso una risa tenue se asomo por su boca.
Sintió el cansancio de los años sobre su espalda entonces se recostó sobre aquel colchón que tantas noches los albergo y ayudo a descansar después de tanto trabajo, se recostó y puso el crucifijo sobre su pecho, entonces no pudo soportar más y empezó a llorar, con el llanto más profundo y doloroso que esas paredes hubiesen visto alguna vez. Lloro de rabia al recordar lo sucedido esa mañana, no podía concebir como sus hijos tuvieron el corazón de pedir que la declararan mentalmente incompetente, y todo porque, por una casa, por su casa, la casa que ella y su esposo habían construido con sudor y que si, iba a ser para ellos pero no de esa forma.
En que parte se había equivocado, les dio estudios cuido de ellos, los alentó, porque le pagaban así, cuando sus ojos se secaron por no tener ya mas lagrimas pidió perdón a su Dios y así también pidió bendiciones para cada uno de ellos, cuando termino su plegaria cerró los ojos.
Se sentía aliviada y liviana quizá por que su alma estaba vacía, vacía por haber amado, querido y protegido tanto que ya no le quedaba esperanza de seguir adelante, sus motivos habían muerto ò los habían matado, eso ya no importaba, desde siempre había perdonado, porque no habría de haber perdonado ya a su propia sangre.
Cuando tuvo su corazón y cuerpo tranquilo sintió como un aro de paz la cubría por completo, súbitamente le llego un olor conocido y una sonrisa se abrió paso entre tantas arrugas, sintió como una cobija tapaba su cuerpo y sintió calor, ese calor que muchas veces le dio el ánimo de seguir adelante, sabia que iniciaba el camino de vuelta a casa, a su hogar.

14 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Susana Galván, hay que cuidar esa acentuación... 3

    ResponderEliminar
  3. Heira Flores 4. La trama está muy bien :D pero los acentos fallaron :D

    ResponderEliminar