lunes, 10 de octubre de 2011

EL PEQUEÑO JAVI

En un pueblo como cualquier otro, en una calle como cualquier otra, vivía el pequeño Javi. Un niño de nueve años, con un par de ojos que parecieran reflectores, su piel blanca como las nubes, con pecas que reflejan su inocencia y con cabello mas desordenado que su propio cuarto.
Una tarde Javi regresaba de su escuela. Como de costumbre caminaba hacia a su casa. En su misma calle, vivía un viejo de carácter amigable, arrugado como una pasa y con dificultades para caminar con fluidez. Javi siempre se detenía un poco en su apresurada marcha para contemplar a ese viejo fuera de su casa, que tan gastada como él-al grado de parecer abandonada-, estaba llena de vida, ya que ese viejo la mantenía ocupada.
Javi siempre tenía la curiosidad de saber que era lo que guardaba aquel viejo en su garaje, porque no había día en que no lo viera llevando diversos objetos para almacenarlos. Al llegar a casa, Javi se apresuraba a realizar sus labores diarias, entre sus tareas del hogar y del colegio, para tener tiempo de sobra y así desde la ventana de su cuarto, seguir observando al viejo trabajar en su garaje. Un día Javi al regresar de la escuela se extraño de no ver a aquel viejo cerca de su casa, todo parecía en calma. Tomo valor y decidió acercarse por primera vez a unos cuantos metros del hogar aparentemente abandonado. Se dio cuenta que la puerta del garaje estaba entreabierta y decidió entrar.
La sorpresa de Javi al ver todo lo que había dentro, fue inmensa. La cantidad de objetos que se encontraban ante sus ojos era indescriptible, desde los objetos más comunes y corrientes, hasta los más extravagantes. Entre todos ellos los que más le llamaron la atención a Javi estaban: una orca inflable, un candelabro bastante antiguo, un crucifijo roto y un trofeo. Javi estaba observando todas las cosas que había dentro, cuando de repente escuchó sonidos detrás de él. Era el anciano, traía en sus manos un abrigo de piel y caminó hacia el estante en donde guardaba todos sus objetos preciados. El viejo seguía ordenando sus cosas, o al menos eso parecía por que los movía de un lugar a otro como si estuviera armando un rompecabezas, sin percatar ni siquiera la presencia de Javi.
El pequeño niño consternado por lo que hacia el anciano, decidió hablarle tocando su espalda con su dedo índice con el fin de llamar su atención. El viejo saltó del susto tirando todos los objetos de su repisa enorme y de madera. Javi apenado intentó ayudarle a recoger sus objetos, pero el anciano era muy quisquilloso con sus cosas y no le permitió ni tocarlas.
Al darse cuenta de esto Javi se levanto y pidió perdón, aunque esto no basto para que el muchacho diera un vistazo a su alrededor y ver todo lo que hacia el viejo con sus cosas. El anciano le pregunto quién era, Javi le dijo que era su vecino de enfrente, a lo cual el viejo le dijo que no recordaba tener ningún niño por vecino.
A Javi le sorprendió que el viejo no lo recordara, ya que diario pasaba frente a él haciendo un intento por saludarlo. El viejo insistió en que debía retirarse y Javi se fue muy apenado hacia su casa.
Al día siguiente, después de comer decidió ir a la casa del viejo nuevamente. Llegó a la casa del viejo y la puerta estaba cerrada. Toco por varios minutos sin recibir respuesta. Volvió a tocar tan fuerte como pudo y esta vez el viejo escuchó y abrió la puerta. Javi le explicó que quería disculparse por el incidente del día anterior, pero el viejo no recordaba ningún incidente, ni siquiera sabía quién era él. Javi se fue muy confundido por que el anciano no recordaba nada, y decidió volver a echar un vistazo al garaje. Su gran sorpresa fue que los objetos que un día antes se habían caído, estaban exactamente en el lugar donde él los había encontrado antes del accidente.
Al volver a casa le platico a su mamá lo que había ocurrido, lo del accidente y las cosas que tiene en el garaje. Su mama le dijo que la historia sobre aquel viejo era muy larga, había empezado desde antes que ellos vivieran ahí. El viejo había perdido a toda su familia en un incendio en aquella casa, donde él fue el único sobreviviente. Al querer salvar a su esposa, cayó por las escaleras sufriendo una lesión en el cerebro, que le ocasionó perder la memoria día a día iba. Con el propósito de atesorar su memoria y los recuerdos de su familia, comenzó a organizar en los estantes las pertenencias de su familia, ordenándolos cada día para recordar el significado de cada cosa y así no olvidar quien era.
Pero un día no fue así…

18 comentarios:

  1. 3 jaja el pequeño Javi, te esforzaste en el título

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  2. Susana Galván, 3 ... Creo que otro título hubiera quedado mejor jaja

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  3. Arturo Espinosa 5 :) me fascino el titulo jaja

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  4. Estefanía Elizondo, 4 claro, el título fue lo mejor ji ji

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  5. Historia interesante, aunque creo que pudiste haberle sacado más provecho. 4

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