Eran como las 4 de la tarde de aquel viernes, me acercaba a mi casa por el camino, que luego de recorrer sus curvas y librar sus obstáculos me haría llegar a mi domicilio por uno de sus lados y después de caminar por algún tiempo.
Había llovido un poco, estaba nublado, el olor a humedad y observar las gotas de agua en las plantas me agradaba mucho; aquella llovizna refresco el ambiente y me motivaba a caminar sin prisa.
Con aquella quietud los pensamientos continuaron asaltándome pues tenia la preocupación de formar el equipo de futbol para el torneo que se aproximaba; muchos de mis amigos que formarían parte en el juego no le hallaban mucho a eso de las patadas, más aparte tenia que conseguir los uniformes, dar nombre al equipo, focalizar el lugar de lo entrenamientos, fijar la hora, recaudar la cooperación para la inscripción al torneo y definir el monto que cada jugador pagaría era esencial pues era inminente nuestra participación en dicha competencia.
En esos días andaba enamorado, los recuerdos se convertían en imágenes y cosas referentes al amor, pero principalmente tomaban la forma de la persona amada, me llegaban tanto esas memorias que sentía la necesidad de satisfacer la adicción de verla, quería adelantar el tiempo para estar con ella, los sentimientos tan profundos me dominaban; la emoción que sentía se detuvo al oír un estruendoso ruido que me hizo intempestivamente virar hacia la derecha de mi camino.
Mi vista se lleno de aquel desorden que de pronto observe, en apariencia no se encontraba nada interesante, sin embargo, la curiosidad me lleno y brinque sobre unas piedras, de inmediato estuve en aquel húmedo y hasta lodoso patio. Tal alboroto hizo que un roedor corriera y que un lagartijo se detuviera abruptamente para analizar lo que pasaba.
En el lugar, sólo aparte de mi rápido respirar, se escuchaba el chillar de los gatos que precisamente asustaba a otros animales. Salí de pronto de tal distracción, mi vista se fijo en unas canteras y en un pedazo de riel que ahí se encontraban, y como no había de hacerlo si sobre ellos se encontraba un crucifijo roto de yeso, ahora comprendo que fue lo que ocasiono el estruendo que escuche y que motivo mi entrada al patio de aquella casa abandonada de la que obviamente sabía su situación, motivando ello mi inmediata intromisión.
Eso y sólo eso me llevo a estar donde nunca pensé me posaría. Obviamente por momentos o más bien para ser preciso para ese entonces olvide el futbol, la lluvia, mi novia, el amor y todo los asuntos personales, esto como consecuencia de querer vivir algo nuevo; me concentre todo mi ser en la imagen del Cristo roto, en la postura del riel que con su elevación y dureza determino casi en añicos dejar la “divina obra” del hombre, y ya que hablo del hombre, recuerdo muy bien que me puse en cuclillas pretendiendo levantar los pocos y grandes pedazos del crucifijo que esparcidos descansaban en el suelo.
Poco duro mi soledad ya que un grito me metió en pavor, ¡No esperaba aquella sorpresa! pues alguien me acababa de decir ¿qué haces muchacho? Era don Secundino que enojado me observaba, en realidad no se como un porque llego ahí si él vivía en el otro extremo del rancho e incluso tenia su casa fuera de el y para mucho era un fuereño.
Sin entender los derechos que reclamaba me decía ¡entrégame mi Cristo!, es mío o lo deje hace años ahí, aunque yo dudaba completamente de dicha afirmación, de pronto apareció su hijo y le dijo, papá ¿qué te pasa? si según pude ver aún por la mañana estaba en la casa el crucifijo que tanto quieres y reverencias y que además es el único que tienes. Contestando a lo que su hijo de decía y tocándose la cabeza dijo ¡es verdad! ¿pues qué me pasa? Es cierto afirmo el anciano pidiéndole también a su hijo que se marcharan del lugar aunque antes me ofreció disculpas justificándose con su falta de memoria.
Después de tanto susto y desacierto me marche con una ligera sonrisa por lo ocurrido y el anciano se retiro con un poco de vergüenza por juzgarme sin tener argumentos.
Gustavo Téllez Trejo, 3
ResponderEliminarHeira Flores, 4
ResponderEliminarLiliana Tapia Martínez, 3
ResponderEliminar3
ResponderEliminar3
ResponderEliminarMartha Zamora, 3.
ResponderEliminar4 el título me da ansiedad jaja
ResponderEliminarSusana Galván, 4
ResponderEliminarArturo Espinosa 4
ResponderEliminarEstefanía Elizondo, 4
ResponderEliminarMartinsky... 4
ResponderEliminarEdith Martinez Rodriguez-5
ResponderEliminarFernanda Rodríguez: 4 ;)
ResponderEliminarMiriam Martínez, 3
ResponderEliminarJ. Carlos Glez. Piña - 2
ResponderEliminarCuida la acentuación y el uso de los signos de puntuación para dar más coherencia y sentido a tu texto. 3
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